Ruinas
de un castillo levantado en época musulmana por la tribu
berberisca Masmuda, en el siglo XII. Se encuentra situado
a 7 kms. de Ossa de Montiel por la carretera de las Lagunas
de Ruidera cerca de la Cueva de Montesinos. Desde la carretera
sale un camino a la izquierda que lleva hasta el.
Restos
arqueológicos hallados en superficie, nos hablan del origen
árabe del castillo: puntas de flecha de hierro, pequeños
cuchillos o láminas de sílex, y especialmente pequeñas placas
o "escudillas", forradas de oro, las cuales responden
por sus características, a un tipo de decoración de origen
árabe, con repetición de los motivos, como si se tuviera
manía a los espacios vacíos. Es una decoración geométrica
fundamentalmente antiicónica, típicamente árabe.
Este
castillo debió caer a raíz de la conquista cristiana del
castillo de Alhambra y el de Peñarroya (entre 1.198 y 1.200),
y de la toma de la plaza de Alcaraz en 1.213, por los caballeros
de la Orden religioso-militar de Santiago. Sería por entonces,
cuando se le denominaría con el nombre de San Felices, en
honor a San Félix de Valois, eremita francés que, junto
con San Juan de la Mata, en 1.197, con autorización de Inocencio
III, fundaron la orden de los Trinitarios, que tenía como
único objeto el rescate de cristianos.
Se trata
de un castillo roquero, de tipo y destino militares, con
recinto amurallado levantado en una roca, denominada dolomía.
El aspecto más destacable respecto al cerro donde se asienta
la hoy alicaída fortaleza, es que existe una interesante
estratigrafía, que podría corresponder a restos de una de
las muchas construcciones prehistóricas de la Edad del Bronce,
diseminadas por el Alto Guadiana, llamadas Motillas.
La planta
del castillo tiene forma de polígono irregular dodecágono,
impuesta por la morfología topográfica para cubrir y vigilar
cualquier recoveco y hueco por el que pudieran acceder los
adversarios. La muralla con más de dos metros de espesor,
está hecha de una mezcla de cal, arena y piedra rústica
del lugar, y se hallan parcialmente labradas las de las
jambas de la portada principal. La altura de dicha muralla
giraría en torno a los dos metros, con almenas, y dado lo
abrupto del cerro y el buen revoque de la pared con el mortero
ya citado, la escalada por cualquier lienzo, se hacía extremadamente
dificultosa. Con varias torres de las que hoy sólo se conserva
parte de los muros, y al estar el cerro rodeado por una
franja lacustre muy cenagosa de unos doscientos metros de
anchura, haciendo de auténtico foso, además de un puente
levadizo abajo sobre el río Alarconcillo, la fortaleza sería
prácticamente inexpugnable, sobre todo por la caballería,
que quedaría clavada en el fango ante cualquier intento
de ataque.
Enrique
I de Castilla (el "Rey Niño"), el 26 de abril
de 1.216, lo entregó a don Suero Téllez de Meneses con dehesas
y tierras a su entorno. Pasados pocos años pasa a la Orden
de Santiago, quedando en absoluto abandono en tiempos del
reinado de Isabel y Fernando (siglo XV).