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De origen
tectonico, es decir, por hundimiento, acumulan el agua de
los nacederos del Campo de Montiel en una sucesión
de 16 lagunas de espléndidas tonalidades, en ocasiones
unidas entre ellas por cascadas. tradicionalmente fueron
consideradas como el nacimiento del alto río Guadiana,
que a partir de los años 50 fue embalsado en Peñarroya,
dando lugar a un embalse que hoy también aparece
incluido dentro de los límites del Parque Natural.
En lo
que respecta a la morfología existe marcado contraste entre
las lagunas altas y bajas, los rasgos más representativos
del paisaje de las lagunas "altas" son la presencia
de barreras tobáceas que represan la masa acuosa de cada
laguna y a las que se asocian un conjunto de cascadas y
saltos de agua funcionales en los momentos en que aquella
desborda por encima de la barrera, así como tener
su perímetro rodeado, generalmente, por taludes y
acantilados, labrados en otras acumulaciones tobáceas, con
una morfología muy típica en voladizo, también son
mas profundas que las "bajas" lo que condiciona
por un lado, las tonalidades azul-verdosas de sus claras
aguas y por otro, el asentamiento escalonado por debajo
de la superficie de la laguna de una serie de plantas acuáticas
cuya organización y densidad siguen las pautas de la máxima
y mínima luminosidad.
Por el
contrario las lagunas "bajas" ofrecen un semblante
completamente distinto: tamaño menor, ausencia de barreras
funcionales y de sus cascadas correspondientes, formas grandes
y suaves del receptáculo hídrico, que se traduce en una
profundidad escasa o casi nula, ausencia de acantilados
tobáceos (salvo alguna excepción), carácter cenagoso de
sus fondos, etc. Estas peculiaridades motivan que la densidad
de cañaverales, espadañales y masiegares alcancen unos niveles
más acusados, lo que determina que estas charcas constituyan
un excelente lugar para el refugio y anidaciones de aves
acuáticas.
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